Mitch estaba saliendo de la ducha cuando se percató de lo mucho que había durado; todo a su alrededor estaba exidando agua, desde el espejo hasta los azulejos de la pared. Una nube de vapor espesa y blanca se había quedado dando vueltas en aquel minuscolo baño como sin saber salir.
Él estaba acostumbrado, le encantaban las largas duchas calientes, y más aún cuando notaba su aliento corto y su cuerpo agotado.
Como casi siempre decidió abrir la ventana el tiempo necesario para que la nube se dileguara un mínimo dejando que la tenue luz de la bombilla amarilla iluminara suavemente las paredes del baño.
En cuanto notó el aire frío sobre la piel mojada cerró de golpe y se mirò al espejo; notaba su pecho que seguìa intentando recobrar la compostura por el esfuerzo anterior. Había sido una sesión de entretenimiento, como la llamaba él, larga y extenuante.
Nami seguìa tirada encima de la cama, exhausta, con su su pelo obscuro y largo que se fundía con sus tatuajes y la fina sabana de seda negra que la separaba del vacío de su habitación.
Ella también seguìa ansimando, a decir la verdad aún no había terminado del todo su sesión; de vez en cuando se rozaba débilmente la ingle con los nudillos y otro escalofrío volvía a recorrerle la espalda.
Él no lo sabía, pero en lo que tardó en ducharse, 4 mini mini orgasmos post-orgasmo habían tenido lugar en su cama, sin su presencia. Por lo general eso le hubiera encantado, aunque también le hubiera encelado un poco..
Mitch era de esa clase de hombres que siente la imperante necesidad de ser el más placentero objeto del mundo, la más placentera de las compañías. Y, a él, eso no le pasaba sólo con su novia. Ese trastorno, como él lo definía, subía a flote en la presencia de cualquier persona que él encontraba interesante o atractiva; si en una cola se cruzaba con una mujer que le gustaba, el impulso de hablar con ella se apoderaba de su voz y de su cuerpo, y cada movimiento y palabra era dictado de ese impulso con el único fin de gustar, de ser la más placenteras de la compañías.
Se había dado cuenta que el nivel de su trastorno era tal que iba más allá del sexo, su necesidad de gustar era más bien un deseo social, un malestar personal.
Pero todo eso Nami ya lo sabía, al principio se lo había tomado como algo personal, luego, con el paso del tiempo, aprendió a aceptar Mitch tal y como era. Al fin y al cabo lo conoció que no era más que un crío, y según ella, desde entonces no había cambiado nada.
El baño estaba lentamente volviendo a llenarse de vapor aunque sin llegar a bloquear la visual. Pasó el dorso de la mano sobre el espejo y se dispuso a secarse el pelo. El secador sopló ruidosamente y el cabello de Mitch empezó a revolotear rápidamente alrededor de su cabeza. Tanto tiempo que llevaba con el pelo largo y seguía sin acostumbrarse.
Se recogió el pelo castaño en un moño alto y se peinó la barba en punta hacia delante.
Se puso su perfume de siempre, colgó la toalla y salió del baño desnudo, caminando a zancadas largas casi presumiendo ante si mismo, casi tuviera que demostrarse algo a si mismo.
Entró en la habitación y encendió la luz, no era de noche aún pero de aquel lado de la casa el sol alumbraba solo por la mañana, y al anochecer se hacía casi imposible discernir la puerta del armario, menos sin tropezar con el borde de la cama baja que tanto quería Nami para su cumpleaños.
Silenciosamente extrajo del armario un vaquero y una camisa de lino, se remangó la parte baja del pantalón para poder estar descalzo y arrastró hacia atrás las mangas de la camisa.
Se sentó al borde de la cama y se echó hacia atrás :-¿Por qué Marc y Annie son tan pesados a veces?- susurró Mitch al vacío.
– Ya estás de nuevo – dijo ella sin quitarse la almohada de la cara – ¿Es posíble que nunca estés contento? – .
– No, si yo estoy contento, estoy entusiasmado -dijo él irónico – es que los juegos de mesa no son divertidos si el idiota de Marc no se rinde y deja de jugar a mitad del juego.-
-Sí que es idiota pero no siempre juega, y hoy viene con Lut-.
-¿ Lut ? ¿ La tipa que conocísteis cuando me abandonásteis ? -.
-Sí, y no te abandoné; quedamos que te recogeríamos a la vuelta, fuistes tú quien llegó tarde.-
-¡Yo no llegué tarde! Llegué pronto y fui a desayunar.- dijo el enfadándose de nuevo.
-No seas pesado Mitch, fué una votación popular. Desaparecistes durante una hora y llegábamos tarde. El caso es que en la playa conocimos estos chicos y Lut está en la ciudad y le dije que viniera..- dijo Nami con una pausa – La verdad es que te va a encantar; es lista, simpática, habla en voz baja y pide permiso. Y sabe jugar a miles de juegos de mesa. Además es guapísima y tiene una piel color café claro que pagaría por tener. Es probable que te enamores, como nos hemos enamorado nosotros, y como se ha enamorado Marc, y es casi seguro que estarás toda la noche soltando chistes y haciéndote el interesante. Así que ten cuidado porque te estaré vigilando – zancó quitándose la almohada de la cara y mirándolo. A él le entraron ganas de reirse, pero se contuvo y le contestó débilmente – Hey, no puede ser tan guapa y seguramente no puede serlo más que tú, y además ya sabes que nunca haría nada sin tí-. Ella lo golpeó en el brazo con su codo haciéndole daño y mientras él rodaba fuera de la cama para incorporarse con la expresión de alguien que ha recibido un disparo o algo parecido, ella añadió: – La verdad es que si te la ligas, como seguramente intentarás, no me lo perdería por nada en el mundo. O sea, Mitch, ya sabes lo celosa que soy…Pero con ella me daría igual, en una lista de las 5 más buenorras chicas en el mundo ella ocupa los últimos 2 lugares-
-¿Y quiénes se llevan las otras medallas?-
-Las tres, yo.- dijo ella serísima.
Él se rió nervioso y mientras ella se levantaba y se iba, el se quedó de pie, agarrándose el brazo dolorante con el otro brazo, solo la mueca de dolor cambió por una cara de póquer, pero dentro de él su corazón empezó a latir a toda prisa. ¿Qué tan guapa iba a ser esa tal Lut como para que su novia bromeara con eso ? Sintió un rápido hormigueo en el estómago y alcanzó solo a decir, mientras la chica estaba ya recorriendo la habitación desnuda ladeando la cadera de una forma sensual y provocatoria, -¿ De verdad ? – ella sonrió callada y siguió caminando- ¿ De verdad has dicho eso ? -. Pero ella seguía sin hacerle caso, casi no supiera hablar, y entró en el baño estallando en una risa contagiosa.
-Vete a la mierda Nami, no bromees con eso. Con eso no se bromea y lo sabes. – se quejó bajando la cabeza y pensando : ¿Habrá sido verdad? ¿Cómo será? ¿Marc va a jugar o va a dar por culo todo el rato?. No terminaba de contestarse a sí mismo que tocaron el timbre.
Mitch lanzó una ojeada rápida al reloj de cuero que llevaba, eran las diez y la obscuridad de la noche empezaba a ingurgitar el gradiente que del azul llegaba al violeta.
Se les había hecho tarde y no se habían dado cuenta. No habían cocinado todo lo que s le habían propuesto, no habían ordenado la casa, ella aún ni se había preparado. Todos estos pensamientos fueron barridos por el recuerdo de Lut, su duda iba a resolverse. Sus piernas empezaron a andar automáticamente hacia la puerta mientras que de su boca salía un nervioso «voy yo» que Nami ni oyó. Mitch cerró la puerta del baño y se apresuró hacia la entrada de la casa. El timbre volvió a sacudir la habitación con su profundo vibrar. El anfitrión dió otros pasos más largos antes de pararse un momento delante de la puerta. Le parecía ya verla detrás de las puerta, tomo aire, expiró y abrió la puerta.
Marc estaba erguido, a medio metro enfrente de él, con la cabeza ladeada como quien lleva todo el día esperando, sacó las manos de los bolsillos y soltó un – ¿Cómo puedes tardar tanto en una casa tan pequeña ? -seguido de una risa forzada a modo de cortesía, – Jajaja, ¡ Es broma Mitch ! No empieces a enfadarte. – hizo como para abrazarlo pero se retrajo – Ah, te advierto, no pienso jugar a tus juegos de mesas hoy. No me vas a retener hasta las cinco de la madrugada despierto, de nuevo. -dijo, remarcando el «de nuevo», y mientras lo hacía se abalanzó sobre Mitch.
Éste encajó el golpe del cuerpo de Marc agachando la cabeza a la vez que abría los brazos, se dieron dos palmadas profundas y Marc le dijo -Voy a cobrarme aquella cerveza que me debías- se rió y paso torpemente al lado del otro para ir a la cocina quitándose la chaqueta.
Mitch levantó los ojos distraído y se cruzó con unas manos morenas que estaban caídas largo unas caderas pronunciadas por un ligero vestido de cotón azulado casi transparente.
Instantáneamente las afiladas manos de uñas blancas se levantaron acompañando la pregunta – ¿Siempre es tan bruto?.-
Mitch la miró a los ojos; eran castaños casi negros, tan obscuros que no se distinguía donde empezaba la pupila.
Las manos se quedaron quietas e interrogantes a la altura de la mandíbula, justo delante de las puntas de su cabello que se soltaban de su moño adornado con lazos. Había esbozado un acento de sonrisa, dejando que sus dientes blancos se liberaran de sus gruesos y obscuros labios.
Él se quedó callado, con la boca cerrada, solo los ojos demostraban su real estado interior, pues estaban abiertos y perdidos hacia delante. El silencio fue roto por los sonidos contemporáneos de una puerta y una cervezas que se abrían.
Mitch seguía inmóvil cuando escuchó un lejano – Cariño, ¿A caso sabes qué hora es? No encuentro.. – las palabras fueron cortadas de neto por un silencio pesado y plano. Mitch y Lut miraron a la vez y se encontraron con la figura de Nami totalmente desnuda y quieta sobre el umbral del pasillo que comunica con baño y habitaciones.
Nami se había quedado quieta, con un brazo que masajeaba el otro esparciendo quién sabe qué crema. Estaba totalmente depilada y su sus tatuajes negros destacaban sobre su piel dorada y apagada. Se había dejado una pequeña línea de vello sobre el sexo que se estendia por cuatro cinco centímetros de su vientre.
El chico volvió a mirar a Lut que estaba totalmente petrificada viendo aquel cuerpo desnudo. Su expresión cambió en un gesto dócil y rápido, casi no queriendo que pasara, pero siguiendo una corriente invisible de sucesos inevitables. Sus manos volvieron a levantarse y de sus dientes blancos se escuchó salir un – Ahora voy a tener que matar a tu novio para huir contigo. Voy a tener que hacerlo en seguida, ¿Quién en su sano juicio no lo haría después de haber visto lo que he visto yo? – se giró hacia Mitch -¿ Te masturbarás pensando en ella me imagino, no? – que le contestó – No, lo solemos hacer directamente juntos-. Sin sonreír en lo más mínimo. Ella se rió y volvió a mirar a la chica – Tiene coraje tu novio-. -Sí, es simpático, por mí no hace falta que lo mates, puede quedarse con nosotras.- dijo Nami guiñando un ojo y llevándose el índice al labio inferior. A Mitch no lo dió tiempo a replicar que fue interrumpido por la voz profunda de Marc -¡Hey, WoW! tendrías que haber avisado que era una orgía. – y se rió a carcajadas sin quitarle el ojo de encima a Nami.
Las llamaradas de vergüenza se prendieron el el estómago y subieron hasta su rostro que cambió color. Bajo la mirada al suelo y soltó un «imbécil» dándose rápidamente la vuelta y desapareciendo tras la puerta del baño.
-No te enfades mujer, ¿Por qué te vas? Mitch, ya sabes que es broma ¿No? Es que yo que sé … ¿Cómo se le ocurre estar desnuda al centro de la sala? – farfulló Marc evidentemente incómodo – ¿Has pensado alguna vez que posiblemente el mundo no gire en torno a tí? – añadió, irritada, Lut a sus palabras – ¿ Te has parado a pensar aunque sea por un segundo que alomejor salió del baño sin querer y puesto que su público era su novio y una chica cualquiera no se había sentido incómoda hasta que llegaste tú? O simplemente quería calentarme y ponerme cachonda para que cuando ustedes se queden dormidos yo pueda sacar toda mi bisexualidad y follármela rudemente mientras sudamos y nos revolvcamos sobre la que antes era la cama de Mitch… – dijo enigmática antes de sacar todo el peso del sarcasmo en una única carcajada. Estaba literalmente doblada en dos, las manos apoyadas sobre las rodillas y el pelo que saltaba sobre su cabeza a cada estallido de risa renovada.
Mitch ya no sabía ni como se llamaba; los últimos 30 segundos lo habían dejado aturdido, como después de un golpe en la sien. Se encontraba desubicado y casi mareado. Para cuando había vuelto en si ya tenía Marc abrazado a su cuello mientras sostenía la cerveza con la puntas de los dedos de la otra mano; -Te dije que te iba a gustar, es una mezcla perfecta entre tú y Nami-.
– Tú y yo nunca hemos hablado de eso-
– Te lo dije…- contestó haciendo caso omiso a sus palabras, e intentó agarrarse también del cuello de ella, un segundo antes que se escabullera rodando mientras le contestaba – No no. No soy ni uno de tus «colegas» ni una de tus «amiguitas».- y se alejó recobrando la compostura y sistemándose el vestido.
Mitch hizo lo mismo apoyándole la mano en el hombro a Marc – No te preocupes, algún día encontrarás una amiguita que será también tu coleguita y allí, oh amigo, allí sí que dejaras escaparla porque eres gilipollas; guapo pero gilipollas. – y se alejó antes que él pudiera contestar.
Lut estaba al lado del sillón, de pies jugueteando con el diminuto bolso casi fingiendo que sacaba algo de él, sin perder de vista Mitch.
Se le veía incómoda, casi en defecto, como si hubiera exagerado demasiado con los chistes, y toda su desfachatez fue borrada por ese amago de vergüenza, revelando retales de su ser más hondo; su timidez y su subestimación por si misma se dieron la mano y empezaron a abrir y cerrar el bolso de forma perfectamente sincronizada.
El anfitrión iba hacia ella cuando se percató de la escena; la vió nerviosa y quieta, con sus profundos ojos marrones-negro , sus labios obscuros y su pequeña y afilada nariz , y le entraron ganas de abrazarla, de hacerla sentir cómoda; de dormirla y arrollarla entre sus brazos mientras su vestido caía y se columpiaba con el movimiento. Se sintió culpable y no a la vez y decidió pararse. – ¿ Por qué no te pones cómoda, Lut? Nosotros vamos a traer comida -.
-Gracias Mitch pero nadie me había avisado y ya he comido-
-Tranquila, aquí se viene a engordar- dijo alejándose.
-¿No irás a traer papas fritas?
-Eso no es comida chica, Nami ha preparado sus famosas quiches de verdura-
-Pff pero si eso no engorda, las quiches de verduras son el éxtasis de la comida-
-Ya me dirás mañana cuánto has engordado-
-Pff ¿Quiches, vino, juegos de mesa y tu novia desnuda? Cómo sea siempre así me da que me voy a quedar aquí para siempre- dijo volviendo a reír a carcajadas sonoras.
-Hombre las quiches no siempre estan-
-Bhuaj eso es lo que menos me gusta de tu casa- remarcó arrastrando la risa en un único sonido.
-Oye, ¿Te crees que por ser una chica voy a aguantar que bromees sobre mi novia?-
-¿Y tú te crees que por ser chica no puedo levantarte la novia?- escuchó que le gritaba desde la sala.
-Touché – le gritó él, – ¿ Por qué crees que por tener un buen culo y una bonita sonrisa mi novia querrá huir contigo?
-En primer lugar, de mí suele gustar más las tetas y los ojos. Dijo ajustándose el vestido a la altura del escote creyendo que nadie la vería – y además si lo hiciera, dejarte digo, sería por qué soy de las que cocina y después friega.-
-¿Todo tú solita?¿Sin la ayuda de nadie?- ella soltó un «mhmj» de aprobación , y él pensó que dejarlo por él era lo más lógico que podría hacer Nami, y soltó un suspiro casi de rendición.
Marc, que estaba a su lado mientras preparaban la comida lo miró y se rió; -Por mi que te levanta la novia de verdad-
-Por mi que eres un iluso- contestó levantando los platos y llevándolos a la mesa baja que estaba entre los dos sillones y el puf gigante, tan grande que parecía una cama balinesa.
Lut seguía de pie, no se había movido en lo más mínimo, solo había dejado de jugar con el bolso para empezar con el vestido. Parecía que quisiera dar vueltas, sin atreverse. Mitch le pasó al lado y notando que había cambiado el bolso al otro hombro, sonrió y bajó la cabeza. Apoyó los platos en la mesa, la miró de arriba abajo; tenía un pie en punta, delante del otro, como haría una niña a la que le acaban de decir que es preciosa. Se sentó en el sillon verde que estaba entre la cocina y la mesa y le dijo gentilmente – Ponte cómoda, Nami saldrá en breve, aunque no creo que lo vuelva a hacer desnuda. – justo se oyó el «clack» típico de un puerta de habitación y le siguieron las palabras burlonas » ¿Cuántas veces te tiene que decir que te pongas cómoda? » .
– Es que no me ha dicho qué tan cómoda ponerme – contestó ella en el mismo tono, siguiéndole la broma pero empezando a quitarse el bolso y la chaqueta y dejándolos en el suelo, sin mirar a Nami pero con una sonrisa floreciendo en su cara. – Digamos como si estuvieras en tu casa, pero con un pervertido que pagaría por verte desnuda- dijo ella indicando Marc a la vez que le guiñaba el ojo.
-Vale vale, me lo merecía por antes, pero no deberías de haberte enfadado. Ya sabes que eres como una hermana para mí.- dijo él mientras hincaba el diente en otro trozo de tarta salada.
Nami fue a la cocina solo tras un leve amago hacia ellos. Lut, en cambio se había desabrochado los zapatos altos que llevaba y se había cruzado de piernas cuidando que el vestido no revelara nada, no tanto a Mitch que estaba ocupado cambiando de lugar a cada cosa por quinta vez, y que además estaba a su derecha, sino más bien por Marc que estaba enfrente suyo tragando comida limpiándose la boca con una servilleta ya bastante usada.
Él notó la mirada de ella sobre sí, pero hizo caso omiso. Lut, en cambio, le sonrió como quien duerme bien por las noches, luego bajó la mirada a la mesa y probó un trozo de queso de uno de los platos.
Un gemido muy fuerte pero en absoluto sarcástico llamó la atención de Mitch que estaba volviendo a probar el vino. Los pequeños sofás naranja estaban uno al frente del otro y cada uno estaba asignado a cada huésped. Para él fue fácil adivinar de donde provenía el ruido aún sin mirar. Giró bruscamente la cabeza hacia la izquierda antes que ella empezará – Dios el queso! ¿De qué es? ¿ Y de qué marca? – .
-¿ Te gustó el queso? Deberías probar la tarta.- contestó mientras le servía una porción abundante en el plato. Él era así; si te apreciaba te cebava. Sin maldad. Pero lo hacía. Ella lo olió profundamente y exclamó -¡Pero si es de calabaza, puerro y queso! – agarró el tenedor como pudo y probó un bocado. Otro gemido llenó la sala -¿Que está pasando aquí? -dijo Nami apareciendo con rollitos de berenjena en vinagre ¿Mi novio se ha puesto a hablar? – dijo ella riéndose mientras se sentaba en el saco que cerraba el cuadrado alrededor de la mesa. -¡Por fin gente que sabe comer! – contestó la otra girándose hacia Nami y Marc -¡Tio! ¿Por qué me llevaste a comer ayer en un triste Burguer King pudiéndole pagar a ellos por.. Esto? -. Se inclinó hacia Nami y le preguntó -¿ Trabajáis también el «para llevar»? -.
-No, preferimos que nuestros clientes coman con nosotros y paguen perdiendo educadamente a los juegos de mesa.-
Contestó Nami que también se había sentado cruzando las piernas y se columpiaba hacia la mesa a cada bocado.
-¿Qué Catán qué? – dijo Mitch bromeando
-Oh Dios, ¿No estarás hablando de Catán el mejor super-juego de mesa que existe y ha existido jamás? – dijo ella frenética. Nami rió tan fuerte que casi escupía la comida y se giró para limpiarse con lo primero que encontró.-
-No vamos a jugar a eso- contestó Marc
– ¿Conoces otro Catán? – contestó Mitch ignorándolo.
-¿Qué expansión tienes?-.
-YO, no voy a jugar a eso- replicó Marc.
– jajaja.. eso es para fanáticos de la petanca.-dijo él.
Ella se cubrió la cara con ambas manos fingiendo un llanto que empezaba a parecer real. – ¿Dónde habéis estado? ¿ Quedan más como vosotros? –
-Somos los últimos – hizo Nami que seguía de espalda medio limpiándose y medio riéndose. La otra chica, que estaba de piernas cruzadas, separó las manos de la cara y las uso para saltar del sofá y caer a un paso de Nami, que antes de darse cuenta se encontraba envuelta por un silencioso abrazo. Lut había llegado allí silenciosa como un gato, y con la misma ligereza le susurró al oído – No voy a irme nunca más, lo siento.-
-Nosotros no vamos a pedirte que te vayas, me da a mí.- dijo ella preguntándose como había llegado allí. La estaba abrazando con los dos brazos enlazados por debajo de sus pechos, ella los notaba, y notaba también las piernas alrededor de las suyas; las dos eran mujeres bastante diminutas, lo que hacía que las puntas de los pies de Lut tocaran justo en la parte final del muslo, casi a tocar la ingle, y como Nami iba con un pantalón corto y muy suelto, sintió un escalofrío y las piernas le medio temblaron.
Los chicos no lo notaron, pero ellas si, y se quedaron calladas, justo una fracción de segundo antes que Lut, que seguí con la cabeza agachada, metida en la nuca de ella, volvió a arrastrar un poco más arriba la punta del pié, y solo con el ápice del primer dedo volvió a rozar el muslo. Su movimiento falló, no encontró la carne. Así que volvió a intentarlo, un poco menos timorosa. Retrajo hacia sí un poco más la punta , inharcando la planta y al bajar lentamente rozo lo que le pareció el lado izquierdo de su ingle. Era caliente, las dos lo notaron. Nami entrecortó la respiración manteniendo las piernas quietas; lo venía venir, casi lo estaba esperando. Pudo contenerse. En cambio se rió nerviosa, los chicos levantaron la mirada y Lut soltó la presa y se arrastró hacia atrás, despreocupada por el vestido. – Entonces podemos confiar en él – dijo con un movimiento de cabeza hacia Mitch. Nami lo miró y vio su mirada inquisitiva. No sabía que estaba pasando pero notaba Nami rara, se había dado la vuelta buscando la mirada de la otra chica, y encontrándose con unos ojos bajos, abiertamente avergonzados, su rostro cambió; parecía que estuviera conteniendo retenida una cara de tímida felicidad. ¿ Por qué iba a hacerlo? Al que ella sonrió y contestó -Sí, es de los nuestro; sin él los juegos de mesa no tienen sentido.-
La otra se rió, y de sus dientes blancos evaporó un – que así sea- .Lo ahogó con otro trago de vino y en la comisura de los labios de su sonrisa se estancaron dos gotas de obscuro vino tinto