Me gusta vivir,
Voy a seguir haciéndolo hasta
Dejar que me mate.
Porque en eso consiste;
En vivir de muerte y morir de vida.
¿Qué día es para ti?
¿Qué día es para tí?
¿Posible que hayamos estado
abrazados días enteros como limoneros
sin habernos cansado?
Una putísima nana funky
Tú me despiertas y me duermes
Precisamente, como lo harías
Con una nana funky.
Tú me duermes funky y me
lo despiertas precisamente,
Como lo harías con una nana.
Tú, me duermes funky y me
Lo despiertas ¿Precisamente
Como lo harías? Con una nana.
¿Y lo harías con una nana?
Tú me despiertas funky
precisamente como me duermes.
El regalo de mí para el arte
De ti no quiero nada.
Ni tus pocos billetes
Ni tu frágil pasado.
De ti no quiero nada.
No quiero que me escuches,
No quiero que me entiendas,
No quiero ni que me quieras entender.
De ti no quiero los buenos días,
No quiero que me lleves el café,
No quiero que me regales libros.
No, bueno, libros sí.
Pero no quiero que te sientas mal,
O que te sientas medianamente bien,
No quiero que me acompañes
En el luto, o en la alegría.
No quiero ni que me acaricies piadosa
Viendo no sé qué en mi.
No quiero nada de ti.
No quiero que me folles hasta el alba,
Y no quiero tus putos tés.
No quiero que me beses fuerte,
Y que me mires sonriendo.
No quiero que me regales tus ojos
achinados,
Largos,
Plenos,
Rojizos,
Cansados,
Calmados,
Colmados.
No quiero que me des para jugar con tu seno,
Y escribirte poesías con el dedo
Que nunca podrás leer.
No quiero que me des.
No quiero ni tu amor,
Aunque fueras capaz a darlo.
No quiero quitarte nada,
ni el tiempo que leas esa poesía,
Y por eso no te la daré.
Solo quiero
Poder darte.
Lo que quieras
Cuando quieras
Como quieras.
Este, es el regalo
De mi para el arte.
En un violeta muy muy intenso
En un violeta muy muy intenso.
Donde solo había neblina,
La ex-muy blanca capa fina,
Ahora dibuja lo que pienso.
Nítido y mórbido-tímido consenso,
Donde la gana duerme supina,
Ella, algo princesa y algo calima,
Lo rompe todo con su amor inmenso.
La vida es ancha y algo breve
Y yo que la vivo sin ninguna prisa,
No espero nada de lo que viene
Pero si tú, un día, me traes tu risa,
Lo siento mucho, lo siento vene,
Pero me la pienso llevar a misa.
Cantaluz y regalaolas
Ella es una cantaluz y regalaolas
Pero
No
Conmigo
Mórbido vacio
Mórbido vacío
Ácido sombrío
Eterna falta de rutas a seguir.
Desprecio cotidiano
Sueño liviano
Clásico sentimiento recién inventado.
Dolor constante
Miedo creciente
Desesperación al verte crecer.
Lento tiempo engorroso
Retrato culposo
Sonido constante pitido emergente.
Nubes sin formas
Zapatos sin hormas
Venenosa lacerante ausencia de ti
Not beautiful words
Not beautiful words
A sancochar tela oreja.
Not dramatic shadows
A decirte que estás mal.
Not a pink bathtube
A bañarte como ayer.
Not a broken glass
No estás rota, no lo puedes estar.
Lejano
Lejano, como un sol apagado.
Un reflejo de lo que fue
En lo que creo que está siendo.
Como un fondal barroso,
Como un río lento, ondulado.
Como un pájaro alto,
Cantando, callando,
Contrasto en un astro.
Y píldoras casi iguales
Historias de terror cotidiano – 2 La multa
Se que no debería contarlo, mucho menos escribirlo. Pero necesito sacarlo, necesito decirlo en voz alta a caracteres pequeños esperando que no llegue a las manos equivocadas. Mi nombre es Carlos y tengo una multa pendiente.
Puede que no parezca gran cosa, quien no ha estado en estas no podría entender, pero llevo mucho sin dormir un sueño profundo o sin disfrutar de un plácido domingo de descanso debido a los remordimientos y a las ansiedades.
Eso es; la duda me carcome, el miedo me corroe, la translúcida seriedad del asunto lo envuelve todo con niebla de los sueños y mientras yo pierdo de vista el objetivo, esa idea se queda dentro de mí, pulsante, como un segundo corazón creciente que se nutre de mi amarga sangre. Hay días que chupa como una hambrienta sanguijuela gigante, que no me deja dormir ni cinco minutos seguidos y me hace sudar cuanto pijamas. Y tengo que hacer cosas y empiezo a llamar.. Muevo hilos y pregunto. Pero el vehículo no es a mi nombre, y además he perdido los papeles, literalmente, y ahora tengo miedo a preguntar. Porque claro el dueño ya no está, o yo no sé dónde está. Naturalmente no puedo dejarle el marrón a él, él confiaba en mi pero yo…No se cuanto tendré que pagar, no puedo quedarme sin dinero, y luego ¿Qué hacemos? Pero el reloj del depósito sigue moviendo antipáticamente sus brazos casi a indicarme la vía, hacia dónde ir a preguntar.
Pero no puedo entrar allí. Entrar a preguntar delataría mi relación con el vehículo. Me harían hablar, cantaría como un canario con preguntarme a la primera. Paralelamente muero de ganas por contarles todo. Pero ¿Y si atiñen directamente de mi cuenta para sanar la deuda? ¿Qué le digo a mi familia? No puedo arriesgar tanto y no obstante los días pasan y yo no concluyó nada, me hago el ciego como suelo hacer con las desgracias.
Que nadie crea que hacerse el ciego delante de una multa pendiente es como pasar de largo enfrente de un mendigo. Nada más lejos que eso. Podría parecerlo a los ojos de un nunca-multado, pero a los ojos más expertos de un insálubre y estresado moroso, la multa viene a ser más bien una molestia como la del grifo que pierde, que gotea inexorable sin percatarse del daño que hace. Un clack constante y rítmico, que a veces para muy raramente para volver con más fuerza.
Ahí es cuando yo más miserable y juicioso sale a flote pidiéndome confesarme. Quiere que llame a la policía, que le cuente todo. No me deja dormir, se nutre de mi inseguridad y me vomita un estrés clandestino y pasajero que nada dentro de mí buscando dónde aferrarse. Naturalmente, no encuentra mínimo signo de remordimientos, se cansa y se va. Y empiezo a dormir, oh cómo duermo. Me gustaría tener una foto mía de cuando descanso para mirarla en las noches más agitadas y regocijarme en mi desdicha.
Pero seguiría siendo una ilusión, un mero recuerdo de cuando no tenía multas pendientes y vivía felizmente mi vida como un nunca-multado más.
