El amor del tucán

Era casi la una de la noche y Alex estaba cansado de jugar. Lanzó el mando sobre el asiento del sofá, se quitó los cascos y se echó hacia atrás.
– ¿Como podía ser la una ya?- pensaba entre sí. -y ella no había vuelto aun-.
No era que la esperara despierto. Sólo le había dado por jugar mucho esa noche, justo la noche que de casualidad Mónica salía con todos sus amigos por un reencuentro de estudiantes del bachillerato.
En ese período no jugaba mucho, pues sus enfados estaban apoderándose de él, pero esa noche estaba más tranquilo, más rendido alomejor, y todo le daba igual. Esperaba sólo a que ella entrara por esa puerta, se quitará los zapatos y se diera cuenta de cuanto lo había hechado de menos, que lo besara, lo abrazara y se lo dijera en la cara. Sólo pensándolo ya notaba él calor de sus brazos y ya le ardía la espalda. Él era así de rarito. Cuando se excitava notaba un extraño calor por la espalda y los costados, prácticamente siempre.
Pero Mónica seguía sin cruzar el umbral; -¿Estaría bien? Cuando vuelve tarde suele avisar antes- sabía que la respuesta correcta era que sí, estaba bien. Se daba cuenta en seguida que además del miedo a que estuviera en peligro, también deseaba tenerla cerca, constantemente. Para él el día a día se hacía más ameno cuando ella estaba cerca. A veces le bastaba con tenerla feliz, donde fuera que estuviese. Si además sabía que estaba a salvo y sin hambre, que era lo que más le preocupaba, para él era domingo.
Sin embargo ahora no sabía si donde ni con quien estaba. No sabía si era feliz, e ignoraba completamente si la habían llevado otra vez a alguna cadena de comida rápida, donde ella se habría hartado gastando una fortuna para acabar teniendo hambre a los cinco minutos.
Alex la quería cerca, se la imaginaba sentada en la barra de la cocina, con la luz de la ventana que la inundaba por detrás y le aclaraba su corto cabello castaño. Se la imaginaba vestida con una única camiseta azul que le llegaba hasta debajo de las rodillas, y que a cada movimiento su pelo y su camiseta se transparentaban un poco más, dejando su cuerpecito un poco más desnudo.
La quería ver sonreír, que sus cachetes redondos le subieran hasta dejar los ojos poco más que achinados, quería su sonrisa de 32 dientes, que se avergonzara y disimulara con la lengua.
Volvió a coger el mando justo cuando oyó las llaves de Mónica en la puerta. El ruido de las llaves chocando la una con la otra parecía durar una eternidad. Para ahorrarle la molestia a los vecinos decidió ir en su favor a abrirle la puerta, pasó por medio del sillón y del sofá y en dos zancadas llegó a la puerta. Respiró hondo y giró el pomo. En cuanto la puerta se abrió Mónica cayó entre sus brazos entre rendida y deseosa, con la frente hincada en su pecho . Alex saboreó el momento con toda su presencia, cerró los ojos y exaló. Le devolvió lentamente el abrazo envolviéndola por detrás de su espalda, poco más abajo del cuello.
Ella se alejó débilmente y buscó su mirada. Sus ojos eran lúcidos y sus cachetes rojos. Estaba congelada; hasta el pelo emanaba frío y cuando ella tenía frío, aparecía un tenue color violeta que se asomaba por el centro de sus labios carnosos.
Mónica abrió la boca y lentamente, casi arrastrándose, de entre sus dientes salió un -te he echado de menos Alex-.
A él se le paró la respiración, contuvo el aliento y su corazón empezó a latir. Era justo como se lo había imaginado. La amaba, la amaba muchísimo. Ella le esbozó una sonrisa y con un leve movimiento se acercó a su cara y volvió a clavar su pesada frente debajo de su cuello.
Alex no tuvo más remedio que tragar, en todos los sentidos. Ladeó la cabeza y se apoyo sobre su mejilla.
-No vas a dejar dejar de abrazarme nunca, ¿Verdad?- le preguntó ella- te abrazaría hasta mañana si te quitaras este abrigo estorbante y frío- contestó él. -Tu sólo quieres desnudarme- hizo mientras se giraba y se alejaba hacia la cocina apagada. – En primer lugar la culpa es de tu señora madre por ser una artista y en segundo lugar que va, te lo tienes demasiado creído. – ¿Ó sea que no quieres follarme? – No, para nada- Ya veo..- replicó Mónica mientras se disponía a preparar un té. -Justo antes le estaba contando a Paula que creo que te estás volviendo gay. No algo tipo digievolución sino más bien lo normal, que te estás dando cuenta poco a poco. – Estás borracha- ¿Ah si? ¿Y el hecho que llevemos 1 año viviendo juntos y nunca jamás te he visto mirarme el culo? Alex por favor miralo, es precioso, o eso dicen por ahí. –
Alex se quedó inmóvil aguantando su mirada detrás de la nuca de ella sin bajarla mínimamente.
-Pero es que entiendo que no te guste yo, pero Alex, traigo pivones todas las semanas a casa. Duermo con ellas, a veces me acuesto con ellas y no digas que no has oído nada porqué vinieron los vecinos a tocar a la puerta a ver si estábamos bien.
Algunas amigas duermen en el sillón esperando que tú vayas a por ellas de noche. Duermen en tanga Alex. Joder despierta, ¿Que te pasa? ¿Posible que sé todo de ti menos eso?- Ya me lo has preguntado Mónica, te respondo por última vez que estoy seguro de ser hetero, aunque si fuera gay la cosa no cambiaría. Estoy sólo esperando la chica adecuada, ya he superado mi época de sexo salvaje y casual y repito salvaje, no te creas tan especial porque una chica pega dos chillones; a veces lo hacen sólo para impresionar.- ¿Pero tu eres tonto? YO soy una chica, se mejor que tú lo que hacemos y lo que no. Esa chica no quería impresionarme a mí sino a tí. Dejó la puerta abierta y la luz encendida joder. Y no viniste. – Alex se sentía temblar. Mientras Mónica versaba el té él aprovechó para poner orden en su cabeza. ¿Que más le daba si aquel pivón quería montárselo con él y Mónica a la vez? Él hubiese querido claro. Pero no le bastaba. Necesitaba tenerla toda para él para luego compartirla. Quería que Mónica fuera su pareja, prácticamente ya lo eran; hasta compartían piso. Sólo faltaba que Mónica dejará de traerse chicos y chicas a casa. No es que fuera muy promiscua, pero un año es un período de tiempo bastante largo para una joven de 24 años y allí no había que fiestas universitarias donde ella era la primera en emborracharse.
Mónica le acercó la taza de té rojo y las especias hicieron revivir rápidamente Alex.
Necesitaba sólo besarla. Ya se querían Ella ya llevaba más de 2 meses sin salir con nadie y cuando salía el tema en una de sus largas charlas ella siempre decía que había un chico pero que no sabía bien y necesitaba más tiempo. Alex siempre había sido celoso de ese chico. Lo odiaba con todo su ser. Pensaba que era lo que se interponía entre ellos, y por eso cuando la pregunta le era devuelta cambiaba de tema diciendo que buscaba la adecuada, y que cuando la encontraría lo sabrían ambos.
Ella siempre sonreía y decía que sí.
Mónica se había quitado el abrigo y la bufanda dejando a la vista sus imponentes curvas. Se desabrochó las botas y las dejó tiradas en el suelo frio. Acercó una silla al piano de la cocina y se sentó donde siempre se sentaba y donde él la quería.
Alex seguía en shock; esa era la noche en la que iba a decírselo. No sabía cómo hacerlo; probablemente tenía que estar callado y simplemente besarla. Acercarse bajarle la taza y con la mano izquierda acarociarle el cuello, agarrarla por la nuca y besarla caldamente mientras se acercaba lentamente a su cuerpo. Sólo de pensarlo ya notaba él fuego en la espalda. Hizo un paso hacia la silla y contemporaneamente ella acercó la taza a la boca para sorber un trago. Él se paró en seco y se apoyó a su lado.
-¿Como va con ese chico del que me hablabas?- Más o menos, es un poco gilipollas. – ¿ Y eso ? – Pasa de mi tres kilos, empiezo a creer que soy fea -. Dijo mientras volvía a beber.
-Pues sí que es gilipollas. Deberías hablarle un poco de política, todos caen rendidos cuando te pones sería. – Ya lo he intentado y nada – dijo riéndose – Sigue haciéndose el duro. – Pues sonríele. Cuando tu sonríes se para el tiempo. –
En cuanto terminó de pronunciar la frase bajo la mirada rápidamente y sintió como su cara divampava en llamas de vergüenza.- ¿Cómo coño se me ocurre?-
Ella se había quedado muda e impasible. Una cosa eran los cumplidos, ¿pero eso? Aquella era una sólida declaración de amor. No se lo pensó dos veces. Bajó la taza, giró la cabeza hacia él y sonrió lo más fuerte que pudo, exagerando tanto que le dolieron los cachetes.
Alex que estaba mirando al suelo movió la mirada para ver que pasaba y en cuanto tuvo el tiempo de entender qué pasaba, sus manos dejaron que la tazas resbalar por ellas cayendo en un tronante y seco sonido de cerámica rota.
Él, estaba tan ensimismado que ni entendió como había llegado aquel líquido caliente sobre sus pies descalzos y empezó a saltar de un lado a otro para enfría el te que se le había rociado sobre sus pantalones del pijama. La escena fué tan tragicómica que Mónica brinco de un salto a por las servilletas y se arrodilló frente a él para secarle los pantalones, sin resultados pues Alex no paraba de saltar; un poco por el dolor y un poco por la vergüenza. No podía creérselo; ¿Era él el chico? ¿Desde cuando?¿Y porque no le había dicho nada? No podía parar de saltar; estaba demasiado avergonzado. Por otro lado Mónica se estaba empezando a preocupar por las quemaduras así que no paraba de seguirlo allá donde fuera. Por fin consiguió pararlo, se arrodilló frente a él y le subió el pantalón mientras le secaba las piernas con un trapo. Alex se calmó por fuera, pero por dentro no paraba de latir a toda velocidad. La tenía a un palmo de su pijama, justo a la altura menos aconsejada. Y no llevaba ropa interior, nunca la llevaba desde que ella le dijo que tampoco lo hacía.
Alex aguantó con la mirada hacia el frente y con las manos en las caderas, mientras que ella constataba que se había quemado la pierna derecha hasta por encima de la rodilla, subió el pantalón preocupada remangándolo descuidadamente y sin querer el costado de su mano derecha tocó lateralmente el miembro de él. Un escalofrío recorrió ambos desde la espalda hasta la cabeza. Ella presentó su más disimulada cara de vergüenza mientras notaba que ese descuido la excitó violentamente y notó las piernas flojear débilmente en la posición en la que estaba, pero mantuvo la compostura e hizo como si nada. Alex quería explotar, un tsunami de calor le recorrió el estómago. Era tanto el shock que en principio su cuerpo no le respondió. Fue sólo cuando ella siguió acariciando el interior de su pierna para limpiarle el té que notó como su sexo empezó a pulsar y engrosarse. La vergüenza era tanta que no podía moverse, pero tenía que hacer algo. Resistió otros dos segundos, al que Mónica vió clarissima mente como el miembro a diez centímetros de su cara volvía a pulsar. Su silueta era ya visible y definida. Se sintió otra sacudida más fuerte en el centro de su vientre y sus piernas volvieron a fallarle. Alex bajó la mirada justo para ver su miembro ya a media erección. Con una velocidad supersónica se giró y corrió en baño gritándole- Me echo agua, es lo mejor-
Entró en baño y cerró. Se sentó en el suelo y se sintió morir. Quería enterrarse allí mismo. No quería volver a salir del baño en su vida. En ese momento lo único que podía pensar era que deseaba con todo su ser que Mónica tocara la puerta, entrara y lo besara. Esperó sentado con el corazón a mil, ansiando ese momento.
Pasaron 15 minutos y de Mónica no escuchó ni un ruído. Seguía muerto de vergüenza pero 15 minutos le habían durado una eternidad. Y sintió la necesidad de salir. Ya sabía que iba a hacer; iba a llegar en el salón donde estaría ella sentada en shock como él, y le habría pedido perdón, le habría dicho que el cuerpo de un chico no responde a lo que se le ordena y que no debería haber pasado y que…Abrió la puerta del baño y escuchó un silencio tumbal. Recorrió el pasillo hasta el salón, respiró hondo y creyendo saber bien que decir cuando entró con paso firme. Su boca se semiabrió cuando vio el salón completamente vacío. Había hasta recogido sus zapatos y apagado la luz de la cocina. No podía creérselo; había tardado demasiado y ella no estaba para juegos. ¿Cómo iba a hacer para sacar el tema el día siguiente? Deludido y frustrado apagó la luz del salón y se giró hacía el pasillo largo. Dió un paso hacia adelante y vió como al fondo del pasillo, exactamente en el lugar opuesto de su habitación, una tenue y temblorosa luz salía justo de la puerta entre-abierta de Mónica.

Publicado por Maximusme

Trozos de vida de vidas a trozos

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