Sempre que lloro me amo, no sé si por sentir que soy humano, si por demostrarme que también me hago daño o simplemente por compasión.
Pero a veces lo hago, aunque sean dos rápidas y diminutas gotas de emociones.
He llorado por muchos motivos en todos estos años, he llorado por impotencia, por pasión, por sentirme afortunado y por no saber decir que no. Pero nunca había llorado por malincolia; hoy lloro porque los tengo, y no cerca.
Lloro porque a veces pienso que es mejor no tenerlos que tenerlos lejos.
Ese dolor se presenta, se despide y su cometa me envenena y no me deja lamerme las heridas.
