En sus ojos había un abismo
O era él que caía allí dentro.
Nada era tan fácil como mirarla.
Era como si la mirada de él sirviera para verla,
como si no pudiera emplearla mejor…
como si la suma de sus dos ojos encajara sigilosamente
en el espacio que se abría entre su cuerpo y su alma.
Él a veía hasta el fondo, hasta dentro,
deleitándose contemporáneamente con su diminuto cuerpecito de mujer.
Nada era tan fácil como mirarla.
Para echar un vistazo a la falange de su ser
Amaba abrirse camino entre las mariposas de su estómago,
De paso solía observar los colores de sus llantos,
A veces simplemente se estacionaba en la antesala de su epilogo emocional,
Pero siempre entraba por la puerta de sus ojos.
No pedía permiso. Se lo arrancaba rápidamente con muchas caricias.
Nada era fácil como mirarla.
Ella se lo pedía con sus manos mientras su voz seguía diciendo que no,
Que ella era fuerte y que no necesitaba polvo de hadas.
Los únicos que no lo necesitan son los que ya estan muerto,
los que aun no han nacido
Y los que viven como de casualidad, matando el tiempo que hay entre estos dos felices momentos.
Ella en carne y huesos,
Ella en risas y llantos,
Ella en palabras y cantos,
Ella en ideas y besos…
No sabia porque pero la amaba,
En todas las formas que la brindaba la vida.