A las 9 menos cuarto, cuando justo había caido el sol detrás de las nubes el diez de mayo, la multitud se levantó y se apresuró a volver a sus casas. Edgar estaba gozando de su cordial y afectuosa no-compañía mientras todos seguían con las pupilas el caer del sol. Había pocos surferos en el agua, pues el viento en contras rompía los pequeños tubos que raramente se formaban. Aquel dia el sol era el protagonista. No había nubes que estorbaran su espectaculo ni barcos que lo pusieran en segundo plano, y como si no bastara, había una ligera calima que si bien perfilaba nítidamente el contorno redondo de la esfera, dejaba un educado espacio para que se colorearq el cielo de un pálido rojo. Mientras tanto el sol estaba más amarillo que nunca y bajaba y bajaba en caída libre hasta que desapareció en cuestión de segundos detrás del mar y casi pareció que los despedía como un cura al final de la misa o una prostituta después del sexo. Mientras hasta diez minutos antes todos estaban de paseo, ahora estaban de vuelta a sus hogares. ¿Que ha pasado? ¿Por que todos caminan tan rápido? Siempre me he preguntado qué es el atardecer en sí. Si el laxo de tiempo que tarda el sol en recorrer los últimos centímetros, desde que el horizonte empieza a comerselo hasta que se lo traga, o si el momento en el que desaparece. Claro, desde mi aceptable castellano podría preguntar si no sería más justo decir ” voy a ver el sol mientras atardece”en el primer caso y ” voy a ver el sol hasta que haya atardecido” en el segundo. De todas formas no es la léxica española la que me preocupa, sino el hecho de que a la mayoría, nadie le ha enseñado a disfrutar sin limites del presente. Estar tan bien que el pasado el presente y el futuros se estrechen la mano en el corazón de uno provocando un dulce suspiro. La mayoría vive en el presente recordando el pasado o esperando el futuro. Yo tampoco me lo creía en principio pero si, lo he visto con mis ojos. He visto 20 personas mirando sin ver el atardecer y al llegar al meollo del asunto, en cuanto desapareció hasta la ultima parte del hemisferio norte del sol, los he visto levantar como si fuera casualmente y regresar con paso ligero hacia sus tumbas.
Tengo que decir que no todos nacen así. Y alguno tiene hasta la suerte de encontrar en su camino unos buenos maestros. Más que maestros los definiría gurúes, ya que los maestros enseñan y los gurúes te hacen aprender. Mi gurú era una chica aparentemente muy sencilla, bajita en su estatura, flaquita en su tamaño y morena como la noche. La conocí como se conocen los gurúes;buscando otras cosas. Empezé a trabajar un día y me la encontré de frente, detrás de la caja de la tienda, buscándome en mis ojos. Yo, que no soy tonto, me enamoré de ella. Pero como soy muy lento para algunas cosas, tardé en entender que ella me deseaba. Para ser sincero tuvo que dejármelo por escrito para que lo entendiera… La pobre.
